Aridaya entra a clase y se sienta en su sitio habitual, o más bien donde casi todos los profesores le dicen que se siente, justo delante de ellos. Ella es la niña de los profesores. Todos los profesores la tienen como su alumna favorita, y no es para menos. Muchas veces a tenido que corregir a los profesores por datos que dicen que no son todo ciertos. Además de que es como un diccionario andante de idiomas. Aparte de los dos idiomas obligatorios que tiene que son el español y el ingles, ella sabe Alemán, Francés, Italiano y Japonés. Todos hablados y escritos. Ella es autodidacta, simplemente va al instituto para poder sacarse el título y por lo menos tenerlo certificado. Si fuera por ella estaría viajando y conociendo mundo o estudiando alguna carrera ella sola desde su cuarto.
La mayoría de sus compañeros, están hablando entre sí por detrás de ella. Ni se percatan de que ha llegado. Ella prefiere que sea así no le gusta destacar y ya tiene bastante con el hecho de sacar las mejores notas del instituto. Nada más sentarse y sacar sus libros entra el profesor, le cuesta un poco hacer que todos presten atención, así que espera unos minutos hasta que se sienten y callen.
-Buenos días, chicos. Por fin es viernes.-Dijo el profesor Rayco.
Aridaya, sonrió desde su asiento. Esa era la típica frase que decía su profesor nada más llegar los viernes. Era algo que le gustaba de él, además de la forma tan amena que explicaba las clases.
-Hoy toca...-buscando en sus papeles y anotaciones. Uno de los rasgos significativos de este profesor era ademas de su buen humor, su desorden. Menos mal que Ari estaba allí.
-Toca el comentario de Pedro García Cabrera, "Las islas donde vivo"-susurrando muy bajito al profesor-
-Profe, hoy toca un comentario de Pedro noseque- dice una de sus compañeras de clase en voz en grito-
-Muchas gracias, señorita López, pero no hace falta gritar tanto.-mirándola por encima de las gafas- Muchas gracias, Aridaya.-un poco más bajo para que solo Ari pudiera oírle.-
Rayco entendía perfectamente a Aridaya y por eso siempre permitía que le hablará más bajito para que solo él pudiera oírle.
-Bien hoy comenzaremos con Pedro García Cabrera, ¿alguien por favor que quiera leer?-mirando a la clase.
-¡Yo, profe!- levanta la mano un chico un par de sillas por detrás de Ari.
Comienza a leer y Ari se funde en su propio mundo. Obviamente nadie tenía la capacidad de rapidez para leer que tenía ella, y por lo tanto ya lo había leído. Casi se lo sabía de memoria. Tantos libros había leído durante toda su vida, y todos los recordaba como si los hubiera estado leyendo anoche en su habitación. Mientras su compañero leía, Ari imaginaba cada palabra que leía como una película que pasa por delante de tus ojos. Cada palabra que saboreaba era un color, una forma, una sonrisa de los personajes del libro que aparecían en su cabeza.
-Bien, muchas gracias.- dijo Rayco, sacándola de su ensimismamiento.-Sigamos entonces con la explicación del comentario...
Las clases para Ari pasaban como imágenes borrosas, y los profesores estaban por respetar esa posición. Riiiing. Por fin el timbre del fin de las clases había sonado, Aridaya era libre o por lo menos hasta el lunes.
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